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La Calle
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| Año V. / | |||||
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¡A la puta calle! Dando vueltas al bolso, mareando el contenido de las ideas por si en los nuevos tiempos, encuentros, las combinaciones de las palabras o cualquier otra comunicación no verbal resulta sorprendente y resolutiva. Puede ser que lo este dejando, como la canción, pero mientras tanto abrazo la esquina. Ni bombo, ni platillo, solo el ruido de la marea humana que se desfila por las calles en la manada. Hay diferencias de imagen entre los unos y los otros, los que poseen y arrastran a los que creen poseer, los que poseen y arrastran a los que saben que no poseen y a los que solo les queda la conciencia de clase, esa clase obrera, desmarcada, desclasificada en archivos remotos. Solo nos queda la palabra, el subversivo gesto de revindicar el ser persona, el revolucionario respeto al otro que recibe el mismo derecho que tu por nacimiento, la rebelde posición de horizontalidad en el intercambio del lenguaje comunicacional que nos permite presentarnos como sapiens. La valentía de saber que tu individualidad se media y conforma en la pertenencia a la especie, que nadie tiene derecho a aplastarte, intimidarte, amordazarte, explotarte, que tu deber es su derecho y su saber el tuyo. Al saberse puta, la calle nos pertenece como lugar común para festejar el cansancio de ser extraños, el hartazgo de todos aquellos que nos representan en este devenir que aborda el mundo como una venta de esclavos y pantallas, paginas y agendas que se van abriendo a lo largo del día, esa masa encefálica plana del precario bienestar que nos roba el sentido más común. Tirarse a la calle, doloridos y esquinados en el transito de los conflictos internos de esta destrucción masiva, desplegando artes de persuasión con caídas de ojos, tacones de aguja, vestidos abiertos y lenguaje corporal desinhibido, por aquello de huir de la producción en cadena, que nos condena en cada paso del camino mercado. A la calle, como acto multiplicado del artista que llevamos dentro, tango pausado, arrimado, doliente, apretado, abrazado, como deseo humano expuesto y contenido. Putas, putos y mestizos, despojados, desnudos de nacimiento, descreídos... A la calle... deslizados en pasos de baile, apoyados en las esquinas del verlas venir, crecidos e inspirados en las lunas de las nadas... a seducir, a bailar, a laborar. A la calle... ¡A la puta calle! LQSomos. Turón Valle. Mayo de 2007 |