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La Calle
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| Año V. / | |||||
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Ecos de ‘Mayo del 68’ Para los jóvenes que en mayo del 68 teníamos entre 20 y 30 años, esta fecha se ha mantenido en el recuerdo como una referencia histórica, como un icono cultural del siglo XX. En esto parecen estar de acuerdo buena parte de los comentaristas que al cumplirse el cuarenta aniversario de los hechos, se han esforzado -inmersos en la fiebre retrospectiva y conmemorativa que parece consumirnos- en refrescarnos la memoria. Debo recordar que en la década de los 60 se produce la mundialización de las comunicaciones; la televisión se extiende por doquier; la Guerra Fría parece des-helarse; los mitos de la revolución cubana y del Che caminan viento en popa; en enero del 68 el Viet-Cong lanzó la ofensiva del Tet contra Vietnam del Sur; Bertrand Rusell impulsó el Tribunal Internacional contra los crímenes de guerra; Dubchek se plantó frente a los soviéticos; el ‘imperialismo USA’ estaba en retroceso… Mayo del 68 pareció estallar como la culminación de algo que estaba latente. Se rebelaron los estudiantes en Berkeley, en Tokio, en París, Praga y otras ciudades europeas, en México, en Argentina… Al “bienestar” material -extensión de la televisión y de los bienes de uso, aumento exponencial del consumo, etcétera- pareció corresponder un malestar cultural tejido por voces contradictorias, a veces confusas, que mezcló aforismos marxistas con pulsiones freudianas e influencias orientales. Sonaron en plazas y calles músicas de Bob Dylan, de Joan Báez, Violeta Parra, Raimon… Las imágenes son potentes y atractivas. ¿Quién olvida las barricadas en las calles parisinas frente a los guardias de las CRS cubiertos con escudo redondos, a las tanquetas arrojando chorros de agua; a las chicas agitando banderas rojas? ¿Cómo sustraerse al atractivo de los hippies y sus comunas, a las justas protestas contra la guerra del Vietnam; a las consignas situacionistas: “Prohibido prohibir” o “Debajo de los adoquines está la playa”? Por primera vez en la historia de las sociedades “desarrolladas”, esa franja de población que aspiraba a estudiar o trabajar tenía dificultades y sin espacio social y político para expresarse, como bien ha señalado Ignacio Ramonet, se manifestaba airadamente. Pero me temo que lo duradero ha sido tan solo eso, el eco. LQSomos. José Antonio Vidal Castaño. Junio de 2008 |