Alternativas a los gigantes de refrescos estadounidenses
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Nuevas marcas de bebidas carbonatadas, como Mecca Cola, Qibla Cola, Arab Cola o Muslim Up, han empezado a inundar las estanterías y escaparates de supermercados y tiendas de Francia y el Reino Unido con la intención, según sus creadores, de convertirse en la bebida musulmana contra el imperialismo estadounidense y sus símbolos. La irrupción de estas nuevas marcas en el mercado mundial está provocando lo que algunos ya denominan "la guerra de la Cola", que amenaza con restar cuota de mercado a los gigantes estadounidenses.

En noviembre del pasado año, Tawfik Matholuthi, un empresario francés de origen tunecino, quiso contribuir al boicot contra las multinacionales estadounidenses creando su propio refresco de cola, Mecca Cola, una marca que en tan sólo unos pocos meses se ha popularizado en las principales ciudades francesas, como París, Lyón, Lille, Marsella o Estrasburgo, donde vive gran parte de la comunidad árabe y musulmana de Francia -estimada en unos 5,2 millones de personas, el 8% de la población gala- y en los que ha encontrado a sus principales consumidores.

A pesar de no contar con embotelladora propia y de las dificultades que Tawfik encontró para lanzar su producto, debido a las presiones ejercidas por las grandes multinacionales sobre las empresas embotelladoras, Mecca Cola ha conseguido hacerse un hueco en el mercado mundial de bebidas y, en tan solo cuatro meses, sus ventas han pasado de unos pocos miles de botellas a más de 4 millones y con una cartera de pedidos que ronda los 16 millones. Mecca Cola, además de en Francia, se distribuye actualmente también en otros países europeos como el Reino Unido -donde se venden más cerca de dos millones de botellas al mes-, Bélgica, Alemania, Suecia, Holanda, Dinamarca, Italia, España y Suiza. Existen planes para distribuir esta bebida de cola fuera del continente europeo a tenor de las numerosas peticiones de países tan dispares como China, Vietnam, Australia, Bangladesh, Venezuela, Pakistán, Canadá e incluso EEUU, donde algunos campus universitarios de California, Florida y Nueva York ya han mostrado interés por adquirir la Mecca Cola.

El inventor de Mecca Cola, fundador del Partido de la Francia Plural y propietario de la emisora parisina Radio Mediterranée, tiene intención de llevar su popular producto a Oriente Medio y ganarse la preferencia de los consumidores árabes. El pasado mes de enero, Tawfik Mathlouthi, firmó un acuerdo con la empresa Mojarrad General Trading (MGT), de los Emiratos Árabes Unidos, para construir una planta de producción en Dubai que tendrá los derechos de distribución en todo Oriente Medio. La nueva empresa, denominada Mecca Middle East Co. y que cuenta con un capital inicial de cuatro millones de dólares, espera que la planta embotelladora que se construirá en la zona de libre comercio de Jebel Ali, la más grande de la región, entre en funcionamiento a finales de 2003 y pronto se alcance el objetivo de los 200 millones de botellas anuales en ventas.

Varios países de Oriente Medio, entre ellos Siria, Líbano, Irán, Iraq, Yemen, Jordania, Libia y Arabia Saudí han mostrado su interés en adquirir los derechos de distribución. Mathlouthi ha señalado que incluso desde Arabia Saudí han recibido ya un pedido de cinco millones de botellas de litro y medio de Mecca Cola.

El éxito comercial de la Mecca Cola animó a otra empresaria musulmana a lanzar una bebida similar en el Reino Unido. Zahida Parveen, una mujer de negocios de la ciudad de Derby, sacó al mercado británico el pasado mes de enero su refresco bajo la marca comercial de Qibla Cola y con una producción inicial de 250.000 botellas. Su éxito en estos últimos meses ha hecho que las ventas sobrepasen el millón de unidades al mes y sus promotores ya se plantean la posibilidad de introducir en el mercado un refresco con sabor a limón llamado Qibla Seven y otro con sabor a naranja llamado Qibla Fantasy. También los inventores de Mecca Cola planean sacar al mercado nuevos sabores de su bebida, entre ellos uno con sabor a limón y otro a café.

Aunque el mercado potencial de Qibla Cola son los 2,5 millones de personas que forman la comunidad musulmana en el Reino Unido, Abdul Hamid Ebrahim, portavoz de la compañía, ha señalado que el objetivo real es introducir el producto en mercados como el de Indonesia, con 200 millones de musulmanes; Pakistán, con más de 140 millones, o Bangladesh, con 126 millones. "El mercado es enorme -afirma Ebrahim- pues hay cerca de 1.500 millones de musulmanes repartidos por todo el mundo y millones de personas que aunque no profesan nuestra religión son conscientes de cómo algunas empresas norteamericanas oprimen al Tercer Mundo, especialmente al mundo musulmán".
A la estela de Mecca Cola y Qibla Cola apareció el pasado mes de marzo, también en el mercado francés, otra bebida que aspira a conquistar el paladar y la simpatía de las comunidades musulmanas y de aquellos otros consumidores sensibilizados con el boicot a los productos estadounidenses. Se trata de Arab Cola, un producto ideado por Gerard Leblanc, un empresario francés de 52 años nacido en Casablanca (Marruecos) y residente en Niza. Bautizada como "la cola del mundo árabe", Arab Cola se puso a la venta en pequeños supermercados y tiendas de Francia con una producción inicial de 2,5 millones de botellas al mes, aunque Leblanc confía en aumentar el volumen de ventas exportando su producto a países como Suiza, Bélgica e Italia, así como a otras zonas del Norte de África y Oriente Medio.

La última marca de bebidas en aparecer en escena es Muslim Up, detrás de la cual se encuentra un grupo de jóvenes empresarios musulmanes franceses sensibilizados "por la tiranía, la discriminación y otras formas de opresión que tienen lugar a nivel mundial" y, particularmente en Iraq "donde la arrogancia de la gran superpotencia amenaza la paz mundial". Muslim Up ha sacado al mercado una partida inicial de 400.000 botellas de su refresco pero tiene previsto que en los próximos seis meses las ventas alcancen los 24 millones, mediante su exportación a Reino Unido, Suecia, Italia, Bélgica y Alemania. A primeros de abril se empezó a distribuir en los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí y existen planes para introducirlo en otros mercados de Europa, Asia, África y Norteamérica. Muslim Up tiene previsto lanzar al mercado una gran variedad de productos, desde bebidas carbonatadas de diferentes sabores (cola, limón y naranja) en envases de 1,5 litros, 50 Cl. y 33 Cl., hasta zumos de seis variedades y agua mineral.

Con un poco menos de gas y un sabor más dulzón que la Pepsi-Cola, un diseño de las etiquetas de sus envases inspirado en la mayoría de los casos en el popular rojo y blanco de la Coca-Cola; y una campaña publicitaria agresiva en la que se mezclan política y caridad, Mecca Cola, Qibla Cola, Arab Cola y Muslim Up han sabido atraerse a buena parte de la comunidad musulmana y a otros muchos consumidores que se han sumado al nuevo boicot de los productos norteamericanos tras el inicio de la guerra en Iraq.

Ofreciendo una dosis de activismo político junto con los tradicionales ingredientes de estos refrescos -azúcar, conservantes y agua carbonatada-, estas bebidas han sabido sacar partido de la ola de antiamericanismo que se ha desatado en todo el mundo.

En las etiquetas de los envases de Mecca Cola se incluyen, junto a una fotografía de la mezquita de Al Aqsa de Jerusalén, eslóganes tan impactantes como "No bebas más como un idiota, bebe con compromiso", "Unidos estamos de pie con dignidad" o "No me agites, agita tu conciencia antes de beber". Eslóganes similares se repiten en las campañas de las otras bebidas. Así, Qibla Cola ha elegido el de "Libera tu sabor", Arab Cola el de "la Cola de los árabes" y Muslim Up los los de "Refresco con significado" y "Bebe de forma diferente, bebe para servir a los otros".

La gran mayoría de estas bebidas carbonatadas "hechas por musulmanes" han incluido en su estrategia de marketing la iniciativa de donar parte de sus beneficios a la causa Palestina, la ayuda humanitaria al pueblo iraquí y a otras obras de beneficencia en Europa y el mundo árabe y musulmán. Mecca Cola incluye en sus etiquetas sendas frases impresas en lengua árabe y en letra de color verde que anuncian: "10 por ciento para Palestina" y "10 por ciento para obras de caridad en Europa". Tawfik Mathlouthi ya había manifestado antes de iniciarse la guerra en Iraq que si esto ocurría también destinaría una parte de las ganancias de Mecca Cola a comprar comida y medicinas para la población iraquí.

Zahida Parveen, la creadora de Qibla Cola, también ha manifestado que donará un 10 por ciento de los beneficios a obras islámicas de beneficencia y los productores de Muslim Up prometen en su página Web dedicar parte de sus beneficios a apoyar a las Organizaciones que promuevan la paz a nivel local, regional y mundial.

Sin embargo, las efervescentes rivales de Coca-Cola y Pepsi quieren ir más allá de la solidaridad con la causa Palestina y esperan convertirse en la bebida símbolo de todos los que se oponen a la política exterior norteamericana. Tawfik Matholuthi señala que "Luchamos contra el imperialismo norteamericano: beber Mecca Cola es protestar contra la política norteamericana y contra los crímenes del sionismo". Sin embargo, Matholuthi ha negado que su producto sea antiamericano y afirma que "no tengo nada contra la compañía Coca Cola, admiro a EEUU por su energía y dinamismo, pero combato su política exterior, sobre todo en Oriente Medio y su apoyo a la entidad sionista (Israel)"

Zahida Parveen asegura que su producto solo pretende ofrecer una alternativa a los consumidores de las grandes marcas de bebidas no alcohólicas "que representan el capitalismo global, apoyan al Estado de Israel y se aprovechan de los trabajadores del Tercer Mundo". "Apoyando el boicot a las grandes marcas, los consumidores están enviando una poderosa señal: que la explotación de los musulmanes no puede continuar de forma incontrolada", afirma Parveen.

Por su parte, el director general de Muslim Up, Khabab el Hasni, un licenciado en derecho por la prestigiosa universidad de la Sorbona, señala que su objetivo es "llegar lo más ampliamente al público para debilitar a las firmas americanas tanto como sea posible" porque "nuestros productos son una alternativa a los consumidores de todo el mundo que han tomado la decisión de boicotear todos los productos y marcas sionistas y americanas". "Los consumidores -agrega El Hasni- deben comprar nuestras bebidas por su sabor y no por los dos o tres céntimos de euro a los que van destinados nuestros proyectos. Pero al menos una cosa está clara y es que quienes compran nuestros productos saben que no están financiando la guerra".

Desde las grandes compañías del sector de bebidas se acusa a las nuevas marcas de servirse de la religión para vender sus productos, pues según ellos Mecca Cola hace referencia al lugar sagrado para los musulmanes, Quibla Cola toma el nombre de la dirección del rostro de los fieles musulmanes cuando rezan en dirección a la Meca y el nombre de Muslim Up hace referencia clara a las personas que profesan la religión musulmana. Incluso el propietario de Arab Cola, Gerard Leblanc, ha acusado a sus competidoras de utilizar la religión musulmana en su propio beneficio y asegura que ello es peligroso por cuanto puede suponer problemas para la comunidad musulmana. Por ello, Leblanc asegura que ha intentado desvincular su producto de toda connotación religiosa y referirse solo al componente étnico.

Sin embargo, Tawfik Matholuthi, inventor de Mecca Cola, ha querido dejar claro que sus refrescos no son la "bebida de Allah" y que no apelan a la ciudad santa del Islam, sino al nombre de una tribu indígena norteamericana cruelmente exterminada. Por su parte, los propietarios de Muslim Up han señalado que descartaron utilizar el verde del Islam en los envases y se decantaron por el azul, "el color de la bandera de la Unión Europea y, afortunadamente también, el color de la paz".

Zam Zam Cola, la pionera

La fuente de inspiración de todas estas bebidas "hechas por musulmanes" aparecidas recientemente en Europa ha sido la Zam Zam Cola, gaseosa que se fabrica en Irán desde 1954 y cuyo mercado está creciendo espectacularmente al amparo del boicot islámico a los productos de EEUU. Zam Zam Cola, cuyo nombre tiene también claras reminiscencias religiosas ya que se refiere al manantial sagrado, en Arabia Saudí, de donde bebió el Profeta Muhammad, estuvo vinculada durante años a la compañía norteamericana Pepsico Inc, fabricante de refrescos como Pepsi, Seven Up o Mirinda, pero tras el triunfo de la revolución islámica en Irán de 1979 pasó completamente a manos iraníes.

El año pasado, coincidiendo con el recrudecimiento de la situación en Palestina, la bebida iraní, que hasta entonces sólo se vendía en Iraq y Afganistán, empezó a venderse en Arabia Saudí y otros países del Golfo. Según informó recientemente el diario Al-Watan, Irán ha exportado alrededor de 10 millones de latas de Zam Zam Cola a Arabia Saudí y otros países de la región en los últimos cuatro meses. Las ventas de la cola iraní han sobrepasado todas las expectativas, como demuestra el hecho de que en la primera semana en la que se puso en venta este refresco en el mercado saudita se vendieran cuatro millones de latas. El pasado año, durante la última peregrinación a la Meca, las ventas de Zam Zam Cola se dispararon gracias a una original campaña de publicidad con anuncios tales como "Cola iraní apagará la sed de los peregrinos a la Meca".

Una empresa propiedad del príncipe saudita Turki Abdallah al-Faisal firmó un acuerdo con la Iranian Zam Zam Group por la que se le otorga a compañía saudita los derechos de distribución de la bebida en Arabia Saudí, Egipto y otros países árabes. Esta prevista la construcción de una nueva factoría en Arabia Saudí, la cual se convertirá en la primera en producir productos Zam Zam fuera de Irán.
El presidente de Zam Zam Group, Ahmad Taheri, ha señalado que su compañía espera aumentar sus exportaciones a los países árabes y musulmanes, incluyendo Bahrein, Kuwait, Qatar, Pakistán, Malasia, Indonesia, Afganistán y los Emiratos Árabes Unidos, país éste último donde otra bebida local, la Star Cola, ha experimentado en los últimos tres meses un aumento del 40% en sus ventas. Taheri reconoce que en el éxito de Zam Zam Cola ha influido "el boicot de los consumidores árabes y musulmanes a los productos americanos, el cual ha afectado particularmente a las bebidas made in USA".

La compañía Zam Zam produce 2.500 millones de latas de refrescos al año, a los que hay que sumar otros 100 millones de latas de cerveza sin alcohol, cifra que esperan doblar este año. El éxito de Zam Zam Cola queda reflejado en la apertura de su ámbito de distribución y en las dimensiones del grupo iraní, con 16 fábricas que emplean a 7.780 personas y que generan un volumen de negocios de 162 millones de dólares.

Inquietud en Coca Cola

Aunque las nuevas competidoras de Coca Cola y Pepsi están aún lejos de hacer sombra a los gigantes estadounidenses -Mecca Cola, por ejemplo, espera alcanzar este año unas ventas de 500 millones de unidades, lo que supone la mitad de lo que la multinacional de Atlanta vende en todo el mundo en un solo día, más de 40 millones cada hora-, su simple presencia empieza a incomodarles. Tawfik Mathlouthi reconoce que "Mecca no representa una competencia seria a Coca Cola. Como negocio no les estoy molestando. Es la notoriedad pública y el impacto político de nuestra empresa lo que realmente les fastidia".

Martín Norris, director de Comunicación de Coca Cola en el Reino Unido, ha señalado que la compañía no emplea argumentos religiosos o políticos ni desacredita las nuevas marcas de bebidas. "Yo pienso -dice Norris- que los consumidores son capaces de hacer una clara distinción entre las bebidas que quieren beber y todo lo que son las políticas del gobierno norteamericano". Steve LeRoy, portavoz de Coca Cola Europa, ha manifestado que "la firma Coca Cola nunca ha recibido ninguna orden ni tiene interés en apoyar a países concretos u otras causas políticas, ideológicas o religiosas".

Kelly Brooks, portavoz de Coca Cola, señaló que aunque es costumbre de la compañía no comentar los productos y acciones de la competencia "Coca Cola no está vinculada a ningún grupo religioso o étnico. Nosotros no apoyamos ni nos oponemos a las causas gubernamentales, políticas o religiosas y no tomamos partido sobre lo que no afecta directamente a la industria de las bebidas refrescantes".
Aunque Coca-Cola niega verse afectada, en el Líbano, por ejemplo, ha financiado un programa de plantación de cedros, el emblema nacional, y en su página Web dice explícitamente que Coca Cola no es una empresa judía ni contribuye con sus ganancias a financiar el Estado de Israel. Asimismo, señala que la bebida no contiene ingredientes no aptos para musulmanes ni promueve la violencia contra los árabes.

Coca Cola hace hincapié en que sus productos son fabricados allí donde se venden y que proporcionan miles de empleos que contribuyen al sostenimiento de las economías locales. Aseguran que la compañía emplea a cerca de 20.000 personas en Oriente Medio, entre ellas unos 200 palestinos de la planta que se abrió en 1998 en la Franja de Gaza.

El boicot de los países árabes y musulmanes -al que Coca Cola ya tuvo que hacer frente en 1968, cuando la firma permitió el embotellado de su refresco en Israel- está empezando a costarles caro a las compañías norteamericanas del sector. Las ventas de Coca Cola en Oriente Medio, que según los datos de la compañía alcanzaron los 313 millones de unidades en 2001, unas 858.000 por día, cayeron el pasado año en un 60%, mientras que las de su rival Pepsi lo hicieron en un 45%.
En muchos países europeos empieza a extenderse el boicot a los productos americanos, no sólo del sector de bebidas, sino también de la informática, automoción, petroquímica, farmacéutica, cosmética o de la alimentación. Compañías como Microsoft, Intel, Disney, Ford, General Motors, Gilette, Pfizer, Kodak, Nike, Heinz, Kellogs, Esso, Texaco, McDonalds o Procter & Gamble figuran también en las listas que diversas organizaciones han difundido por Internet para que los consumidores se abstengan de comprarlas.

En bares y restaurantes de algunas ciudades alemanas, como Hamburgo, Berlín y Munich, sus propietarios advierten a sus clientes que la Coca Cola y otros productos americanos ya no están disponibles en sus establecimientos. Los actos de boicot a los productos americanos se repiten por todo el mundo, adoptando diversas modalidades, desde la clausura a la fuerza de almacenes en Thailandia hasta actos de violencia contra establecimientos de McDonald o Kentachy Fried Chicken en la India.

El boicot está empezando a dañar a las multinacionales norteamericanas. Coca Cola, por ejemplo, pese a que en el tercer trimestre de 2002 sus beneficios crecieron un 8%, alcanzando los 1.160 millones de dólares, ha reconocido que espera una desaceleración de las ventas para 2003. El año pasado Coca Cola, cuyas acciones se depreciaron en Bolsa un 10 por ciento, eliminó 5.200 puestos de trabajo de un total de 30.000 en todo el mundo y para este año ya ha anunciado que reducirá otros 1.000 empleos en EEUU, su principal mercado, además del cierre de tres plantas embotelladoras en Alemania, concretamente en Colonia, Karlsruhe y Osnabruck, que afectará a unos 900 trabajadores.
Mientras EEUU parece haber ganado la batalla militar contra Iraq, en el resto del mundo se libra otra batalla, ésta desde el punto de vista comercial, contra los intereses de las multinacionales norteamericanas, que puede contribuir a socavar aun más la ya delicada situación económica de la primera superpotencia. Como asegura Tawfik Mathlouthi "si Bush no cambia de opinión ni su política exterior, pagará un precio muy caro por ello".

 

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